Salman Rushdie
"La religión es un insulto a la dignidad humana. Con o sin religión, habría buena gente haciendo cosas buenas, y gente malvada haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta religión."
Steven Weinberg, premio Nobel de Física en 1979.
Timothy Brennan es un profesor de Literatura Comparada y Estudios Culturales(1), sea eso exactamente lo que sea, que ha demostrado a lo largo de toda su obra un profundo interés por el más que problemático nexo entre el Norte y el Sur, por esa relación hecha de poscolonialismo e inmigración que tantas veces parece proporcionarnos más penas que alegrías. Ahmed Salman Rushdie es un fulano que nació en Bombay y que se dedica a escribir novelas con personajes indios, entre ellas “Los Versos Satánicos”, por si alguien no lo sabe. Pero también es cierto que parece que se le cayó el “Ahmed” hace unos años y ahora se hace llamar Sir Salman Rushdie, que vive en algún lugar indeterminado del Reino Unido por la cuenta que le trae y que lo más sustancial de esta novela transcurre en territorio británico.
El profesor de Literatura y etcétera , que tiene bastante fama de rojo, para que vamos a negarlo, escribió un libro(2) en 1989 (3) en el que afirmaba que la cuarta entrega de Sir Salman es "the most ambitious novel yet published to deal with the immigrant experience in Britain". Es una afirmación con la que estoy totalmente de acuerdo. Rushdie lo escribió pensando en la alienación, en el proceso por el cual un complicado ser humano pasa a ser un simple actor, pero si lo leemos casi veinte años después pensamos que es una novela que trata principalmente de la experiencia de los millones de inmigrantes que viven en Europa. Inmigrantes, en este caso, indios, porque el ambiente de la novela tiene un fuerte olor a curry. Pero es indudable que Rushdie pensaba en una cosa al escribir el libro y que nosotros, después de la tristemente famosa fatwa, el 11-M y tantos otros episodios por el estilo, lo leemos pensando en otra. Borges habría hecho un relato con mucho menos(4). Hoy en día nos fijamos más en lo que nos cuenta de como nos ven esas extrañas personas llegadas de tan lejos que en el proceso por el que uno se convierte en un enviado de Dios o del Demonio sin comerlo ni beberlo. Cosas que no son independientes ni en la vida ni en el libro.
Hay dos protagonistas claros: uno es una estrella de los truños que hacen en el pueblo de Rushdie, un ídolo de masas en toda
En este punto la estrella de cine se convierte en el arcángel Gabriel (él ya se llama así, aunque escrito de forma rara: “Gibreel”) y el actor de doblaje en Satán (“Saitan”). Aquí deberíamos hablar de realismo mágico y tal, pero basta decir que como Sir Salman Rushdie no copia a Mr. William Faulkner, sus libros no se parecen, por lo general, a los de García Márquez o Isabel Allende. Ambos y solo ellos dos se salvan (los dos indios, los dos sudamericanos ni de coña), pero el pro-occidental, con pezuñas y cuernos se transforma en el arquetipo de inmigrante puteado: su mujer no quiere saber nada de él, ha de esconderse, todos se apartan a su paso, le crecen los cuernos en todos los sentidos, la policía le da una manita de hostias antes de detenerle y le suceden un cúmulo de felicidades por el estilo. Y al mismo tiempo el arcángel, al que todo le va perfectamente, se lía con una montañera inglesa algo lunática. Gibreel, el símbolo de
Este personaje, la alpinista loca que se lía con el arcángel, junto con el de la esposa del devenido Saitán son claves en la novela: son, prácticamente, los dos únicos occidentales que mantienen contacto con los protagonistas indios. Ambas son opuestas en muchas cosas: la montañera, a la que se le aparece el fantasma de no sé que otro montañero desaparecido en el Himalaya en tiempos remotos, se ve atraída por el misticismo exótico del arcángel indio; en todo lo que tiene que ver con la relación entre Saladim Chancha, AKA Saitán, y su esposa se percibe un halo de matrimonio a la francesa, esto es, por interés: esa boda es parte de las cosas que Chancha tuvo que hacer para creerse occidental y finaliza con el más absoluto desinterés de uno por el otro, de una por el otro, más bien. En cierta forma, Mrs. Chancha creía haberse casado con un decorativo personajillo exótico y descubre que su marido es un aburrido europeo, con apellido extraño, eso sí. Y descubre también que, en realidad, nunca le interesó el exotismo indio.
Finalmente, el arcángel acaba en una clínica siquiátrica a causa de sus celos enfermizos. Saladim Saitán rehace su vida en Bombay: por fin comprende que no puede ser nada más que lo que es desde su nacimiento: indio, pero tampoco puede ser un indio de la época de su padre, sino otra cosa que ni él ni Rushdie pueden definir pero que, de algún modo, es una mezcla entre lo que toda su vida ha sido de verdad y lo que toda su vida le hubiera gustado ser. Bombay nunca podrá dejar de ser Bombay, pero puede y debe parecerse un poco a Londres. Ese es el sentido general del libro. Los inmigrantes indios nunca dejaran de ser indios, pero ser indio debería convertirse en algo un poco más parecido a ser europeo.
Uno de los grandes méritos del libro es que encaja una visión mágica con otra realista. Gibreel se transforma en el arcángel… o sufre esquizofrenia paranoide, según se mire.
En estos ataques de doble personalidad se despliegan tres tramas paralelas que son las que, por encima de la indudable calidad literaria de la novela, han hecho célebre al libro, para desgracia de Sir Salman Rushdie. La primera es la historia de una joven de una aldea india que, tras sufrir varias visitas de Gibreel, lidera una peregrinación a
Siempre he pensado, teniendo en cuenta el temporal que se desencadenó en el mismo instante en que se publicaron los Versos Satánicos, qué habría pasado si la peregrinación se hubiera dirigido al Santo Sepulcro en lugar de a
La segunda historia intercalada, supuestamente insultante para el Islam (¿queda algo en el mundo que no insulte hoy en día al Islam?), es la más compleja y la que presta el nombre a la novela. En sus alucinaciones, Gibreel se traslada a los últimos días del periodo preislámico de
Mahoma duda y va a hablar con Gibreel. Consigue que éste le dicte los versos que él quiere escuchar, los versos en los que la que para él es la auténtica voz de Alá acepta el trato. El Corán es, siempre teóricamente, una copia exacta de un libro celestial que contiene la palabra del Dios Único, fielmente trasladada a Mahoma a través del arcángel Gabriel. Los Versos Satánicos son los que Belcebú, según el libro de Rushdie, logra colarle al Profeta, versos en los que ataca el principio más básico del Islam: que existe un único Dios a través de su seña de identidad más importante: el Corán. Aquí entramos de lleno en el tema de la alienación: Gibreel es, objetivamente, una estrella de cine de Bollywood, pero según como nos le va presentando Rushdie tanto a nosotros como a los demás personajes de la obra, , según lo que para ellos son las circunstancias, nos llegamos a creer que es un ángel o un demonio, igual que lo que aparece en el Corán es sagrado, no porque lo sea en sí mismo, ya que escrito en otra parte a lo mejor sería una sandez, sino, precisamente, porque se da la circunstancia de que aparece en el Corán.
Probablemente esta historia sea insoportable para muchos musulmanes. En la tradición literaria occidental no es nada exagerada, ni anda nada falta de precedentes. Enlaza a través de una larguísima fila de libros, mayoritariamente escritos en inglés (6), con el prólogo del bíblico Libro de Job, con ese pasaje, probablemente el que más me gusta de todo el Antiguo Testamento, en el que Dios y el Diablo conversan y se tiran sus puyas con la confianza y el hastío de dos amigotes que llevan compinchados desde el principio de los tiempos para volver locos a los hombres. Este es el único pasaje de toda
¿Qué ve Gibreel en esta historia? ¿Qué vemos nosotros a través de sus divinos ojos? No hace falta utilizar mucho espacio para describirlo: cuenta la historia de un repugnante líder religioso islámico, exiliado de su país, rodeado de matones-guardaespaldas, que prepara su regreso y la transformaciones que ha de sufrir su tierra, de acuerdo con su ideología absurda y tan intolerante y trascendente como peligrosa, es decir, de acuerdo con su religión. Para más detalles buscad información sobre el periodo que el ayatolah Jomeini, que casualmente era el líder religioso y político de Irán cuando se dictó la condena contra Salman Rushdie, pasó exiliado en Paris. Pese a que las críticas musulmanas iban, principalmente, contra lo que Sir Salman nos cuenta acerca de Mahoma y el arcángel, lo que de verdad ofendió a las autoridades persas fue esta otra historia, conocida normalmente como “la del Imán”. Y las ofendió con ese escozor profundo que sólo puede provocar la verdad.
No voy a entrar en la eterna discusión (¿ha habido en algún momento algo que discutir en todo este asunto?) acerca de la condena y todo lo demás. Si tuviera que seguir escribiendo, hablaría del duelo epistolar celebrado, hace ya diez años, entre Rushdie y Le Carré en las páginas de “The Guardian”, con el objetivo de acusarse mutuamente (Rushdie a Le Carré de antisemita y de poco menos que extremista islámico (7) y Le Carré a Rushdie de manipulador(8)) y, sobre todo, arreglar sus viejas rencillas e intentar quedar claro cual de los dos mea más lejos.
En resumen, “Los Versos Satánicos” es una obra imprescindible, aunque solo fuera por su valor histórico a la hora de comprender esta época en la que se derriba un muro y se levanta una docena que nos ha tocado vivir. Pero además, sin llegar al nivel de “Hijos de
Repito: imprescindible.
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NOTAS
1.- De
http://english.cla.umn.edu/faculty/brennan/brennan.htm
2.- "Salman Rushdie and the
3.-“Los Versos Satánicos” salieron a la luz en septiembre del año anterior.
4.-Aunque pueda parecerlo a primera vista, no es lo mismo el Quijote de Cevantes que el de Pierre Menard, por ejemplo.
5.-Sobre esto, recomiendo encarecidamente “Rey Jesús” y “Los Mitos Griegos”.
6.-“El Paraíso Perdido”, de John Milton es la más clásica de estas obras, pero la ya citada “Rey Jesús” es el antecedente más claro de “Los Versos Satánicos”, especialmente del hilo de Gibreel y Mahoma.
7.-Algunas joyas: “… acepta la tesis filistea, reduccionista y radical islámica”, “pomposo idiota”, “Sería más fácil simpatizar con él si antaño no se hubiera apresurado a alistarse en la campaña de envilecimiento contra un colega escritor. En 1989, durante los peores días del ataque islámico a "Los Versos Satánicos", Le Carré escribió un artículo en el que, con entusiasmo y bastante pomposamente, alió fuerzas con mis agresores”, “Debería tener la gentileza de admitir que entiende un poco mejor la naturaleza de
http://www.elmundo.es/1997/11/22/cultura/22N0092.html
8.-Algunas respuestas de Le Carré: “Como siempre, Salman Rushdie juega con la verdad en beneficio propio”, “Tampoco tomé el camino fácil de proclamar su brillante inocencia. Mi opinión es que no existe ninguna ley en la vida o en la naturaleza que diga que las grandes religiones pueden ser insultadas impunemente", “Mi propósito no es justificar la persecución de Salman Rushdie, que deploro como toda persona decente, sino exhibir menos arrogancia, colonialismo y superioridad moral que la que exhibe el bando de sus admiradores”.
http://www.elmundo.es/1997/11/22/cultura/22N0092.html
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